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Cine Gay. Películas gays

Crítica de Tormenta de verano, 2004

Tormenta de verano, cine gay

Tormenta de verano es una de esas películas que los críticos más estrictos desprecian sin tener ni idea. De acuerdo, es tópica y carece de innovación puramente cinematográfica. Además la base de la historia recuerda a la española Krámpack, estrenada cuatro años antes. Supongo que hace falta ser gay (o saber lo que significa serlo) para valorar lo que ofrece esta película. En mi caso, pocas películas gays me han dado tanto como Tormenta de verano.

Tormenta de verano, cine gay

Y no porque sea todo felicidad, ni mucho menos. De hecho, vi esta película con mi padre y, a mitad de la misma, él me dijo: “Esto no puede acabar bien”. Todo era negro, desde luego: Toby está enamorado de su mejor amigo, pero éste ha empezado a salir con una chica, así que él decide hacer lo mismo. Por culpa de los prejuicios de la sociedad, varias personas van a sufrir, está claro. 

Por el medio anda el “Equipo Queer”, formado solo por gays. Pero no por ello se transmite una imagen tópica de la homosexualidad. En el grupo hay de todo: desde el chulito cree que puede convertir a cualquiera en homosexual, hasta el afeminado que no tiene reparos en llevar delantal de flores, pasando por el que tan solo quiere dar una imagen normal y demostrar que los gays son iguales al resto de mortales


Es precisamente éste, el adorable Leo, el que se siente atraído por el protagonista, cuyas miradas de curiosidad sin duda han rebelado su identidad sexual. Para Toby, el “Equipo Queer” es una esperanza de que la homosexualidad puede y debe llevarse con normalidad, pero también una amenaza al mundo que él se ha construido, un mundo en que tener a Achim cerca es suficiente y la sexualidad no tiene porqué mencionarse. Pero, claro, ese mundo se resquebraja cuando ambos crecen, porque Achim y él no buscan lo mismo ni pueden ofrecerse lo que anhelan. 

Ahora es cuando Toby debe decidir entre mantenerse fiel al amor imposible que siente por Achim o dejarse llevar por la realidad que Leo le ofrece. En una doble metáfora, abre su corazón a Leo cuando le permite echarle crema tras quemarse al sol y, más adelante, cuando la tormenta de verano ha explotado (y, con ella, los sentimientos de todos ellos), le deja arrancarle la piel quemada, quitándole la coraza de los prejuicios que el mundo le ha obligado a ponerse.

Crítica de Juan Roures

Felix Redondo